CASTELLI: EL CONCEJO DELIBERANTE ENTREGÓ RECONOCIMIENTO DE INTERÉS CULTURAL Y MUNICIPAL AL HISTORIADOR JUAN JOSÉ SCHMIDT
La Declaración fue por iniciativa de la Presidenta del Concejo Soledad Rach y del Concejal Adrián Bordon y fue acompañado y votado por unanimidad del cuerpo.

✨ HONRAR NUESTRA HISTORIA: UN RECONOCIMIENTO AL CORAZÓN DE NUESTRA IDENTIDAD ✨
En el marco de los 90 años de nuestra querida ciudad, vivimos un momento profundamente emotivo. La Presidenta del Concejo Deliberante brindó una cálida bienvenida al escritor e investigador autodidacta Juan José Schmidt, haciéndole entrega de una merecida Declaración de Interés Cultural y Municipal por parte del Concejo Deliberante.
Juan José, hijo de esta tierra, descendiente de alemanes del Volga y nacido en Castelli el 11 de octubre de 1967, ha dedicado su vida y su pluma a rescatar la memoria y las raíces de nuestro pueblo y sus colonias. A través de obras como “En surcos de blanco algodón”, “Desandando la huella” y “Punto de encuentro”, así como sus investigaciones históricas, ha sabido transformar el recuerdo en un legado vivo para las futuras generaciones.
Reconocer a quienes documentan nuestra historia, nuestras luchas y nuestras costumbres no es solo un acto institucional; es un abrazo a nuestra propia identidad.
¡Gracias, Juan José, por mantener encendido el fuego de la memoria de Castelli! Concejal Adrian Bordon

UNA VIDA ENTRELAZADA CON LA HISTORIA DE CASTELLI
Hoy, a 90 años del nacimiento de Castelli, es necesario reconocer nuestra historia. En lo personal, hace más de 20 años que vengo recopilando, investigando y dando a conocer la historia de nuestro querido pueblo. Siempre lo hice desde una perspectiva personal, pero sin reflejar mi propia historia familiar. Me despojé de nombres propios, como los de mis padres y abuelos, para mantener la imparcialidad en mi trabajo. Hoy quiero dar a conocer quién soy y por qué adopté esta pasión. Juan José, así me conocen. Nací el 11 de octubre de 1967 en Castelli y me crié en la colonia Juan José Castelli, nuestra colonia madre. Mi madrina, Rosita Lambrecht, maestra de la escuela rural ubicada a menos de un kilómetro de donde me crié, hoy conocida como Los Inmigrantes, era amiga de mis padres y fue quien decidió cómo me llamaría. —¿Cómo se llaman los abuelos? —preguntó. —Uno Juan y el otro José —respondieron mis padres. Rosita, que debía partir a Córdoba por razones laborales, expresó su deseo de dejar un legado a su pueblo querido. Por ello, en homenaje a sus abuelos y a esta tierra, propuso que me llamara Juan José. Esa pequeña semilla que Rosita sembró fue regada a lo largo de mi vida por valores de pertenencia y convicciones profundas. Hace un año, Rosita partió de este mundo, pero tuvo la dicha de ver reflejada la cosecha de aquellos frutos que había sembrado. Aquella escuelita rural fue el ámbito donde aprendí mis primeras letras y donde cursé mis estudios hasta finalizar séptimo grado como abanderado. Hoy quiero hablar de mis abuelos, quienes llegaron desde La Pampa a esta tierra fértil para hacerla producir. En junio de 1931, comenzaron a trabajar la tierra y a cosechar los capullos de algodón que marcarían el destino de tantas familias. También quiero recordar a mis padres, que desde pequeños llegaron a este lugar y decidieron hacerlo propio, pensando en sus hijos, sus nietos y las generaciones venideras. Los vi crecer y salir adelante con trabajo y sacrificio, con una fe inquebrantable en Dios, pero, por sobre todas las cosas, con una profunda confianza en ellos mismos, como aconsejaba Juan Holzer «El Padre de Castelli».
Las privaciones y los escasos recursos económicos nunca fueron un impedimento para trabajar de sol a sol en la chacra y hacerla producir. Mi padre y mis hermanos sembraban algodón, mientras mi madre y mis hermanas ordeñaban, hacían pan casero, tortas dulces y tantas otras cosas que nos permitía subsistir. En nuestra mesa nunca faltó el alimento. No había dinero, pero todo se producía en la chacra. Ese fue el legado de una familia que, con esfuerzo, dignidad y sacrificio, supo construir su futuro. Hoy, a casi 60 años de vida, puedo decir que he vivido más de la mitad de esta historia de 90 años de Castelli. Los relatos de mis padres y abuelos, escuchados durante aquellas largas noches de luna en la colonia, sumados a las documentaciones que fui recopilando a lo largo de más de dos décadas, constituyen una base sustentable para hablar de nuestra historia con fundamento. Desde esa perspectiva, puedo decir que viví en las chacras un verdadero «punto de encuentro» entre distintas culturas. Allí jugábamos con niños criollos y de los pueblos originarios que se acercaban durante la cosecha del algodón. En mi experiencia personal, no viví situaciones de discriminación ni marginación. Por más que hoy, en ocasiones, se intente sostener otra mirada, considero que es necesario conocer nuestra historia y comprenderla desde los testimonios de quienes la vivimos. Con el paso de los años, la vida me marcó y una discapacidad me acompaña desde hace 38 años. Sin embargo, nunca fue un impedimento para salir adelante, insertarme laboralmente y formar una familia. Nunca me sentí discapacitado ni discriminado. Creo que la autodiscriminación es uno de los peores flagelos, porque no nos permite ver con claridad nuestras propias capacidades ni encontrar el camino para seguir adelante. También di mis primeros pasos en el CAIDIN, cuando advertí que había un agujero negro y decidí aportar, con más convicciones que recursos, para contribuir a cambiar esa realidad. Hoy, Castelli marcha hacia sus 100 años de historia y mi desafío es que podamos dejarles a nuestros hijos y nietos una historia retratada, documentada y transmitida con responsabilidad
A través de una línea de tiempo con rigor histórico, quiero que podamos reconocer el legado de tantos próceres sin bronce, hombres y mujeres que lo dejaron todo por este suelo y que, con su esfuerzo silencioso, contribuyeron a construir nuestra identidad. Porque la identidad cultural es aquello que nos une, nos identifica y nos conjuga con un profundo sentido de pertenencia. Somos castellenses, herederos de una historia que merece ser conocida, respetada y transmitida a las futuras generaciones. Esta es mi historia, entrelazada con la historia de Castelli. Una historia que comenzó con una semilla sembrada por Rosita, que creció entre los surcos de algodón de la colonia y que hoy, después de tantos años, sigue dando frutos a través de la pasión por conocer, preservar y compartir nuestras raíces. Juan Jose Schmidt
